Culpable (X – Y ahora…¿qué? )

Agosto 21, 2008 at 1:13 am (Culpable)

Primero, pedir disculpas como siempre por la tardanza, echadle la culpa a los exámenes, no hago más que estudiar. Segundo, dedicar esto a toda la gente que comenta, en especial a Giovanna, Avril, Ariiii y Yuli, muy especialmente a Yuli, porque es una gran persona y uno de los motivos por los que me alegro de haber comenzado a escribir aquí. Tercero…a esto le quedan aun tranquilamente unos 10 capítulos más, viendo al ritmo que voy, y que apenas he llegado a la mitad con suerte.

Ah, antes de que se me olvide, una pequeña encuesta, responded en los comentarios, ya que me es muy importante. Hace poco me comentaron que debería añadir una escena erótica al final. Bueno, no estaba planeado, pero me ha hecho planteármelo, lo que pasa es que la intención de esta historia era ser dulce, y no se si esa escena al final podría fastidiar toda la historia, por eso quiero preguntar a la gente antes de meter la pata hasta el fondo, al fin y al cabo, esto es para vosotros, yo la historia ya la conozco. Así que responded, por favor.

“Debería haber una escena erótica al final de la historia?”

a) Sí, claro
b) No, claro
c) ero qué?
d) pero…seguirán vivos para entonces?

Daaanke

La mano de Tom se deslizó por la espalda de Bill, acariciando suavemente, dotando de mayor calidez al momento. El menor se apretó más aun contra el adolorido cuerpo de su hermano, besando su cuello, acariciando su pelo, jugando en su mente con la idea de acariciar zonas más íntimas, mientras sentía las lágrimas de sentimientos encontrados de su hermano en su cuello. El miedo de perderle y la alegría de tenerle habían golpeado al mismo tiempo y con la misma fuerza al mayor, haciéndole llorar sin apenas notarlo.

Con un leve crujido, la puerta de la habitación se abrió, haciendo a Simone partícipe de tan tierna escena. La mujer, café en mano, entró, mirando con dulzura a sus pequeños, viendo como por una vez se habían cambiado los papeles y era Bill el que abrazaba al lloroso y herido Tom.

Decidió no interrumpir a los gemelos, que ya rara vez disfrutaban de momentos de verdadera intimidad, pero ya era demasiado tarde, ambos habían girado sus rostros y la miraban, cuestionándole con esos ojos ambar el motivo de su presencia allí.

- Billie, hijo, voy a ir a dar una vuelta por la ciudad, Georg y Gustav han ido al restaurante a tomar algo. Cuida de tu hermano, al menos este par de horas que esté fuera.

- Pero si es Billie quien necesita que le cuiden.

Simone, mirando al menor de sus hijos, se dio cuenta de que tenía razón. A pesar de que quien tenía lágrimas en las mejillas era Tom, quien tenía los labios ensangrentados de intentar contener las lágrimas y la mirada perdida y asustada era Bill. “Pobre hijo mío, ha debido pasar un miedo terrible de pensar que podía perder a su hermano”, pensó la mujer.

Bill, inconscientemente, se aferró más aun al cuerpo de su hermano, al pensar lo mismo que su madre. Miedo, miedo era poco comparado con lo que sintió al pensar que podía perder a Tomi. Perder a Tom era peor que morir, era morir en vida, saber que la mejor parte de si mismo ya no estaba con él, saber que su alma gemela, la única persona con la que había estado desde el mismo momento en que apareció en el mundo, e incluso antes, la persona con la que compartió el útero de su madre, los juegos, los amigos, los sueños, los momentos malos, el primer amor verdadero…todo, hasta el codigo genético, se había ido para no volver…no encontraba ni encontraría en un millón de años palabras para describir cómo se sintió. Todos los malos momentos se redujeron a menos que nada, y solo quedó la patente realidad de que le necesitaba.

Si Tom desapareciera…si Tom desapareciera, aparecerían otras cosas. Al pensar esto, Bill miró fugazmente hacia sus brazos sin darse cuenta, aunque su hermano mayor lo notó, frunciendo levemente el ceño. Para sacar al menor de su estupor, Tom bajó las manos hasta el trasero del moreno, que dio un respingo.

- Tomi…mamá…- dijó en un susurro con la esperanza de que su madre no hubiera notado nada.

- Ya se ha ido y no volverá en unas dos horas. Estabas tan atontado que ni te diste cuenta. ¿Qué pensabas?

- Yo…uh…nada.- dijo, con una sonrisa que podía engañar a los medios, a las fans, a sus amigos y hasta a su madre, pero jamás pudo ni podrá engañar a Tom. Sabía demasiado bien lo que había pasado por su mente, lo recordaba demasiado bien. Solo deseó que no pensara en volver a ello.

- Uh…Tomi…dijiste que no volvería en dos horas….

- Sí.

- Dos horas que estaremos solos.

- Uh huh.

- Tomiiii!!!

- ¿Qué?

- DUH, bésame. *roll eyes*

Con una sonrisa maliciosa Tom se aproximó a los labios de su gemelo, ofreciéndole lo que había pedido. Las manos del mayor seguían en el mismo lugar de antes, solo que ahora se habían colado como con vida propia dentro de la ropa, encendiendo las mejillas de ambos. Ardían en deseos de fundirse, quizá porque solo eran las dos mitades de una misma persona. Al tiempo que el beso subía de tono, haciendose más pasional, las manos trataban de alcanzar más carne vibrante y caliente, casi ardiente al tacto. El deseo ya era patente entre ambos, una llama alimentada por el amor y la confianza creada a lo largo de toda una vida juntos.

De nuevo sonó un crujido repentinamente. Ambos se separaron a tiempo para ver como la puerta se abría suavemente.

- ¿Bill? ¿Tom? ¿Estais despiertos?- la cara de Gustav se asomó- bueno, vale, yo solo pasaba para comprobar que…¿Chicos? ¿Estais bien?

Tom miró a Bill, que le devolvió la mirada extrañado. El moreno llevaba el pelo un poco desarreglado, pero tampoco era demasiado obvio. Habían logrado separarse a tiempo, Gustav no había podido ver nada.

- Tom, ¿tienes fiebre?- se acercó a la cama, posando la mano sobre la frente del chico- tienes las mejillas coloradas y estas sudando…¡Bill, tu también!

- No, pero yo…estoy algo resfriado…nada grave…

- Pues se lo habrás contagiado, y Tom está muy débil, voy a llamar a la doctora.

Salió de la habitación dejando a los gemelos de piedra.

- Bill… tú no estás resfriado.

- Ya.

- La doctora se va a dar cuenta.

- Ya.

- Y entonces, ¿cómo vamos a explicar que estés así, que estemos así?

____________________________
Dadaaaaa!!! que mala soy, dejaros así. Seriamente, me estoy volviendo malvada. Gracias por comentar de antemano, y por favor, responded a la encuesta.

Permalink 5 comentarios

Culpable (IX- la cicatriz)

Agosto 7, 2008 at 7:21 pm (Culpable) ()

Buf, capítulo nuevo tan pronto. Esto es raro en mí, será que con tanto comentario y viendo las estadísticas del blog me ha dado un subidón de dios sabe que hormona. Antes de nada, no puedo reiterar lo suficiente lo importantes son las personas que comentan esta historia, tanto para el desarrollo de la misma como para el no abandonamiento del blog. Tampoco podré pedir suficientes veces que le echeis un vistazo a este POST, sobretodo a Giovanna, ya que es suyo. Espero que este capítulo sea de vuestro agrado, ahora que las cosas se van a relajar un poco para los gemelos (pero no os confieis, que yo soy una cabrona, y lo mejor es que lo reconozco mwajajajaja). Ah, por primera vez voy a situar esta historia en un contexto temporal, justito justito antes de que Bill se hiciera el tatuaje de la estrella (aunque obviamente esto no sucedió). Me callo ya, oook.

Y ahora..ahora me pregunto si he cometido un error diciéndotelo y algo cambiará.

- Claro que cambiará- dijo Bill.

- Claro que cambiará, pero no todos los cambios son malos, Tomi. Yo te quiero, aunque no se bien por qué.

- Pues no dejes de quererme, porque me hundiría, Bill, si me dejarás solo…- Tom suspiró, intentando que no volvieran a su mente las escenas terribles que habían vivido recientemente. – Si me dejaras solo, Bill…

No pudo continuar, ya que Bill tapó sus labios con un beso. Un beso mucho mas pasional que todos los anteriores, aunque sin perder la dulzura del amor recién descubierto. Se levantaron del suelo sin separar sus labios, ávidos por saborear al otro en dulce batalla. Bill, completamente cegado por la intensidad del momento, dejó que sus manos descendieran por el torso de su hermano hasta que al rozar un vendaje con su mano izquierda Tom se apartó haciendo gestos de dolor.

- Cuidado, Bill, aun no está curada.

- Quiero verla.

- ¡NO! – exclamó horrorizado el mayor, temiendo que su hermano pequeño sintiera asco al ver la cicatriz en su abdomen. Dándose cuenta de su reacción, añadió – no, es horrible.

- Algún día la veré, ¿qué más te da? Además, nada en ti puede parecerme horrible.

Sin darle tiempo a responder, Bill tumbó a su hermano sobre la cama, destapando el apósito que se encontraba fijado a la parte inmediatamente encima de su cadera derecha, dejando a la vista la herida, cubierta de una crema antiséptica y todavía con puntos. Los picos del vaso habían producido unas heridas más profundas. Curiosamente si las unías tenían forma de estrella. Las cicatrices mas superficiales desaparecerían, pero estas no. Pasarán los años y seguirán ahí, una diferencia más en el cuerpo de los gemelos.

- ¡Tomi!

Tom, que se encontraba también inclinado sobre la herida, examinándola, levantó la cabeza de pronto, golpeándose con la nariz de Bill.

- ¡Ouch! – El moreno se llevó las manos a la nariz, que le dolía como una condenada. Tom, mientras tanto, se reía por lo bajo intentando evitar la ira de su hermano. De repente, sin embargo, Bill se echó también a reir, estallando ambos en un mar de carcajadas.

Cuando se hubieron calmado, el mayor recordó que todo había sucedido porque a su querido hermanito se le había ocurrido llamarle. El aguijón de la curiosidad pronto empezó a picarle.

- Bill, ¿por qué me habías llamado?

-Ah, sí, quería decirte, se me ha ocurrido algo, cuando salgamos de aquí me voy a hacer un tatuaje en forma de estrella en el mismo sitio que tu cicatriz.-dijo Bill, sonriendo ampliamente.

Tom le miró confundido.

- Duh, Tomi, tu cicatriz tiene forma de estrella si unes las heridas grandes, yo me hago un tatuaje en forma de estrella en el mismo sitio…en fin, parece ser que en el reparto de neuronas salí yo ganando.

Tom iba a hacer un comentario respecto a cómo él salió ganando en el reparto de virilidad, pero prefirió callarse. Un Bill enfadado es mucho peor que una víbora hambrienta y cabreada porque alguien le ha pisado. En cambio, decidió omitir el intento de insulto y centrarse en la parte dulce. Con sus brazos atrapó a su hermano, acercándole lo necesario para rozar sus labios en un beso corto y tierno, para después unirse en un abrazo que no pretendía tener fin.

Permalink 17 comentarios

Desde arriba. (serie “when love and death embrace”)

Agosto 7, 2008 at 6:09 pm (Oneshoots)

Uhm, una nota antes de comenzar, las partes en itálicas (en cursiva) son escenas sucedidas en el pasado. Gracias por leer. Esta historia va dedicada a Giovanna, que me dejó sin palabras con su comentario. Giovanna, disponte a mirar desde arriba.

Desde arriba todo se ve diferente. Las personas dejan de parecer reales y te distancias de todas ellas. Arriba el aire parece más puro, aunque las estrellas siguen siendo igual de lejanas. Pero al menos desde arriba ella puede tocar las nubes que se ven desde abajo, y darles forma, alimentando la imaginación de los que sueñan despiertos mirando al cielo.

Y es que de pequeña una mujer anciana le contó que eran los ángeles los que daban forma a las nubes. Entonces juró que si algún día se convertía en ángel, su tarea en el cielo sería esa.

Ilusionada, extiende sus alas y echa a volar en dirección a una nube especialmente grande y blanca. Pretende convertirla en un caballito de mar para que los niños rían y estiren de las mangas de las camisas de sus padres llamando su atención para decir entre risitas que el ángel de las nubes ha hecho una figura divertida. Sí…los niños saben, o al menos intuyen. Es al hacerse mayor cuando uno tiene que esforzarse para mantener un mínimo de pureza que le permita creer.

Con las alas abiertas de par en par surca por los cielos en pos de esa nube de aspecto tan esponjoso. Casí la roza ya con los dedos cuando algo abajo llama su atención, frenando en seco su vuelo. Ahí está, tumbado en el cesped, su primer y único amor, lo único que lamentó dejar atrás. Fue el único al que contó su promesa. De pronto, el recuerdo de esa promesa le trae a la memoria otra promesa que aun no ha sido cumplida.

El día era frío, aunque desde la cama tampoco importaba demasiado. Con el término de su enfermedad a la vuelta de la esquina, Giovanna había pedido a sus personas más queridas que la visitaran una por una, para tener una última charla a solas. Era el turno de su pareja, el único al que había amado. Su primer y último verdadero amor. Entre lágrimas y palabras dulces de despedida, ella le hizo una promesa. “Cuando esté ahí arriba y te vea, le daré a una nube la forma de un corazón y así sabrás que estoy bien y que te quiero”

Viendo su oportunidad, comenzó a tallar la nube en forma del mencionado corazón. Cuando estuvo terminado, miró hacia abajo y por un segundo sus miradas se cruzaron. Y así es como él supo que alguién le observaba y le cuidaba desde arriba.

Permalink 1 comentario

Culpable (VIII – Confusión y confesión)

Agosto 4, 2008 at 1:45 pm (Culpable) ()

Antes de empezar, sorry mil veces por la espera, juro que no era mi intención tardar tanto. Segundo, sentios libres de agregarme al msn o mandarme un mail si veis que tardo siglos en subir los capítulos, gustosamente responderé. La verdad es que cuando las cosas van así no entro al blog y no sabría de los comentarios si no fuera porque me mandan un mail con cada comentario. Al margen, me declaro oficialmente soltera y sin compromiso (ni siquiera un rollo con cierto alemán), he ahí el motivo de que tardara tanto. Uhm, ah, sí, antes de que se me olvide, este capítulo va dedicado a Mari Luz, como prometí. Y voy a ver si actualizo alguna otra historia, que con la tontería de que todo el mundo lee esta, estoy abandonando el resto.

Bill no dejaba de llorar, y Tom trataba de consolarle besándole las lágrimas.

- Tomi, cuando estaba ahí, comprendí, y tenía mucho miedo de que me soltaras sin dejarme decirte…

- No te iba a soltar, antes caía contigo- interrumpió el mayor.

- Decirte que yo también te amo.

Tom abrió mucho los ojos ante las palabras de su hermano y lo abrazó fuertemente antes de separarse para acercarse de nuevo lenta y peligrosamente a sus labios. Sin cerrar los ojos se besaron, un beso dulce y sincero, con sus miradas conectadas, diciéndose en silencio lo que las palabras no pueden expresar.

De pronto se abrió la puerta, entrando en la habitación una joven rubia con gafas de sol, provocando que los gemelos se separaran antes de lo deseado, aunque no lo bastante rápido.

- ¿Qué diablos?- dijo Tom, confundido por haber sido pillado besando a su hermano.

- ¡April! ¡Tenías tanta razón!- exclamó a su vez Bill, mientras se lanzaba a abrazar a la chica, dejando aun más confundido al mayor, cuya boca se encontraba abierta y no parecía que se fuera a cerrar pronto.

- Bill, baja la luz, por favor- pidió la chica, o April, como la había llamado Bill. Este hizo lo que se le pedía, observado de cerca por su hermano, que se sentía intranquilo por la cercanía de la ventana y los recuerdos que eso traía.

Cuando la habitación estaba ya inundada en la penumbra, la joven se quitó las gafas, revelando sus extraños ojos violetas. Tom no pudo menos que abrir los suyos desmesuradamente.

- Bill, ella…sus ojos…cómo…de qué…- viendo que de su boca no salían más que palabras inconexas y sin sentido, se encogió de hombros y suspiró, rendido. No obstante Bill le había comprendido perfectamente.

- Ella fue quien me ayudó a reflexionar mientras te operaban.

- Reflexionar sobre qué.

- Sobre nosotros, tonto.

- ¿Nosotros? ¿Cómo sabe que hay un nosotros? ¿Hay un nosotros?

- Pués…la verdad…

- Va, dilo ya, o me van a saltar los puntos.- Tom hacía gestos en dirección a su cabeza, apremiando a su hermano, que parecía indeciso.

- Tomi, es que no es tan simple…

- Ya, ya lo se, ¿crees que eres el único que se ha dado cuenta? Necesito respuestas, de todas formas.

- Pués…

April carraspeó, haciendo que los dos le dieran su atención.

- Ahora que me haceis caso- “por fin” - escuchadme bien. Dentro de dos semanas os quiero en la entrada del bsoque que hay a las afueras de la ciudad sobre las nueve de la noche. No falteis. Seguid con vuestras confesiones, las explicaciones, Tom, vendrán después.

Dicho esto, desapareció por donde había venido. Al fin, recuperado mínimamente de su estado de confusión, Tom decidió hacer caso de la desconocida.

- Bill…

- Dime, Tomi.

- LLevaba tanto tiempo callando… Yo siempre te he querido, aunque nunca tuve el valor de decírtelo. Y me ha costado tanto tenerte cerca y no poder dejarme llevar… Cada vez que te veo tengo ganas de correr hacia ti y abrazarte, cada vez que bailas quiero bailar contigo y cada vez que hablas me pierdo en tus labios moviéndose, preguntándome cómo sería tocarlos con los míos. – rozó con los dedos los labios del menor, que se estremeció con el repentino contacto, dándose cuenta súbitamente de cuanto deseaba besar a Tom- Y ahora..ahora me pregunto si he cometido un error diciéndotelo y algo cambiará.

- Claro que cambiará- dijo Bill.

Permalink 11 comentarios