Culpable (VII – No saltes(2))
Tom se levantó de un salto, repentinamente completamente despierto. Se lanzó a la desesperada hacia la ventana, arrancando todos los cables y agujas de su cuerpo en el proceso, alcanzando su objetivo un segundo antes de que su hermano se dejara caer.
- ¡Bill!
Tom se aferró al torso de su hermano, impidiendo la caída.
- ¿Qué diablos crees que haces? ¿Ahora que por fin acepto lo que siento por ti, y tú pareces sentir lo mismo vas y me quieres dejar de esta forma?
- ¡Suéltame! ¡Déjame!- Lágrimas caían sin freno por el rostro de Bill, que por un momento había creido que todo había acabado.
- No sin antes una explicación. Además, si tu saltas yo salto.
Tras varios suspiros y sollozos, el menor consiguió formular todas sus dudas en una sola palabra.
- Mamá…
- Mamá no tiene porque saber nada.
- Le estaríamos engañando.
- ¿Y realmente importa? Bill, yo te quiero, te quiero más allá de eso, y no quiero compartir lo que siento con nadie más que tú. No soportaría perderte por semejante estupidez, así que ni sueñes con que voy a soltarte. Voy a llamar a Georg y Gustav para que me ayuden a subirte, que yo solo no puedo.
Durante varios largos segundos, Tom murmuraba palabras de súplica en los oidos de Bill, y este miraba al frente. Aunque la frase había sido dicha imperatívamente, en el fondo ambos sabían que había un interrogante. “¿Me dejarás que te suba?”. Los dos sabían que nunca podrían hacer algo en contra de los deseos del otro, de la misma forma que sabían que si Bill decidía caer, Tom le seguiría.
De pronto, Bill comprendió lo mucho que amaba a Tom y lo poco que importaba el resto en comparación. Con tal de volverle a ver, de volverle a abrazar y besar sus labios quebrados por la fiebre, cruzaría dos veces el infierno y mentiría a todos con la conciencia tranquila. Cuánta razón tenía April.
- Llámalos.- Susurró.
- ¡Georg! ¡Gustav! ¡Ayuda!- Gritó Tom, a la vez aliviado y desesperado, pues estaba perdiendo las fuerzas.
Georg y Gustav entraron en la habitación, abriendo inmediatamente las bocas, sorprendidos por la escena; Tom apoyado en la ventana, aferrándose como si la vida le fuera en ello a algo que, por la ausencia del menor, al que no habían visto salir, dedujeron que era Bill.
- ¿Tom? ¿Bill…?
- Georg, Gustav, por favor…- la mirada del mayor era suplicante. Jamás le habían visto tan aterrado.
- Tranquilo, Tom, todo irá bien.
Agarraron al menor de los brazos y tiraron con todas sus fuerzas, subiendo lentamente el delgado cuerpo de Bill. Cuando por fin estuvieron los cuatro sentados en el suelo de la habitación, los gemelos rompieron a llorar, uno pidiendo perdon y el otro suplicando que no volviera a hacerlo. Los dos amigos, sintiéndose fuera de lugar, decidieron salir a hacer compañia a Simone, que en aquellos momentos se encontraba en la cafetería del hospital. Salieron dejando a los dos hermanos solos de nuevo, guardándose para sí todas las preguntas que quedaron sin formular.
Culpable (VII – No saltes(1))
Offtopic: ya se que prometí que publicaría este capítulo ayer o antes de ayer, pero me quedé sin conexión a internet, por lo que me resultó imposible. De hecho ahora mismo estoy en casa de mi padre aprovechándome de su pc.
“Está enfadado conmigo. Me odia, le repulso. Por eso no quiere verme, y tampoco le culpo. Aun así, yo sin él no quiero vivir. No se me ocurre vida más triste y vacía.”
Sumido en sus pensamientos, Tom no vio como su hermano cruzaba la puerta. De pronto una silueta oscura, y pelo despeinado enmarcando un rostro enrojecido por el esfuerzo de subir las escaleras de dos en dos se acercó a su cama.
- Georg, Gustav, fuera.- Dijo Bill, tratando aun de recuperar el aliento. Los aludidos se marcharon, dejando a los gemelos solos.
- Bill, no digas nada. No dejes que nada cambie, solo eso.- Tom escondía su faz entre sus rodillas. No quería la compasión de su hermano.
- Pero…Tomi, yo quiero que cambie.
Tom, sorprendido por lo dulce que sonaba la voz de su gemelo, levantó el rostro, para encontrarse con los labios del menor acariciando los suyos suavemente. El beso pronto pasó de ser una suave caricia a ser profundo y pasional.
- ¿Te quedarás a dormir un rato?- preguntó el mayor, apartándose de Bill. En cierto modo era su manera de averiguar si se arrepentía de lo que acababan de hacer.
- Claro.
Bill se encontraba realmente en paz. Al fin había aceptado lo que sentía por Tom. Ahora podría ser felices y comer perdices. Al menos eso pensaba el moreno, hasta que un desgraciado pensamiento cruzó su mente. “Mamá”. Sí, mamá Simone era el gran problema. Tendrían que esconderse de ella o les odiaría, y aunque lo lograran, tendrían que convivir con la culpabilidad de estar engañando a su madre. Tal vez toda esta relación no merecía la pena, tal vez solo era un capricho de adolescentes. ¿Iban a arriesgar su amistad, su amor fraternal, su relación con sus padres, todo por un sentimiento prohibido y que no estaba libre del riesgo de apagarse?
“Si dudas, salta por la ventana.” Las palabras de April cobraron nuevo sentido a la luz de las dudas que le asaltaban en ese momento. Se levantó de la cama, sin darse cuenta de que con el movimiento había despertado a su hermano.
Tom abrió los ojos, confuso.
- Bill, cierra la ventana, hace frío.
Este no respondía, estaba demasiado ocupado sentándose en la repisa. Tom se incorporó en la cama. La escena tenía un tono irreal, como si todavía estuviera soñando. Sin embargo, la presión que sentía en el pecho le advertía de lo contrario.
- ¿Bill?
Tom se levantó de un salto, repentinamente completamente despierto. Se lanzó a la desesperada hacia la ventana, arrancando todos los cables y agujas de su cuerpo en el proceso, alcanzando su objetivo un segundo antes de que su hermano se dejara caer.
- ¡Bill!
*——-*
Ok, un pequeño cliffhanger. Ya se que dije que duraría unos 8 capítulos más, pero voy a alargarlo, ya que un par de cosas se me han ocurrido. Al margen, ¿Qué le pasará a Bill? ¿Caerá? ¿Le salvará Tom? ¿Caerán los dos juntos y se matarán? ¿O caerán juntos y se salvarán con unas cuantas contusiones?
Este capítulo va dedicado a Yuli, como prometí.
Culpable (VI – April)
Dedicado a Claudia, como prometí que haría. Y bueno, también a Isa y a Cristy, que hoy me han hecho sonreir nada más levantarme con sus comentarios. Va para vosotras.
Miró a su alrededor. No la veía por ninguna parte, pero sabía que no se había ido. No estaba en el grupo de chicas que se marchó, y no había otra salida en toda la habitación.
- Tú no quieres eso.
El moreno se sorprendió al escuchar esa voz, que parecía provenir de la cocina y a la vez de todas partes. Decidió acecarse. En la cocina estaba la rubia misteriosa, sirviéndose tranquilamente un zumo.
- ¿Qué haces aquí?
- Ayudarte.
- No necesito ayuda. Estoy muy bien- sonrió automaticamente, como hacía cada vez que mentía sobre su estado de ánimo.
- Mientes. Tu sonrisa no puede engañarme.
- ¿Qué es lo que se supone que no quiero?- dijo, refiriéndose a la primera frase que había dicho la chica, tratando de disimular su incomodidad al ver su fachada resquebrajarse.
- No quieres que Tom vea a ninguna de esas chicas. Te sentirias celoso.
- No se de que hablas.
La chica se quitó las gafas, dejando a la vista dos enormes ojos con el iris violeta. Bill abrió los suyos al máximo.
- Baja la persiana, por favor, duelen- dijo, señalando a sus ojos. Bill obedeció, aun con los ojos muy abiertos.- Y no intentes engañarme, no puedes. Deberías aceptar lo que Tom siente por ti y comenzar a liberar lo que tú sientes por él.
- ¿Qué sabes tú de eso?
- Todo.
- Y… ¿Cómo?
- Lo se, simplemente. Son cosas que se, sin más explicación. Atiende al teléfono, yo voy al baño.
De pronto el teléfono de Bill comenzó a sonar. El menor, con los ojos como platos y la boca abierta en una ‘o’, descolgó el teléfono.
-Bill. Bill, ¿eres tú?
- Yo soy.
- Tom ha despertado de la operación. Pregunta por ti. Le hemos dicho lo que dijiste, pero insiste en verte.
- Georg…¿Tanto tiempo ha pasado?
- Claro, horas. Llevas toda la noche fuera. La operación fue rápida, parecía más grave de lo que era en realidad, al menos eso dijo la doctora. Tom despertó apenas hará unos minutos, pero ya nos está volviendo locos.
- Aun no puedo ir, no he terminado.
Sonó un crujido, como un golpe suave al auricular, y suspiros de resignación.
- ¿Bill? ¡Bill!- se escuchó la voz de Tom al otro lado de la línea.
- ¿Tom? devuélvele el teléfono a Georg.
- No, Bill, vuelve, necesito que vuelvas, por favor. Me muero si no vienes.
- Tom, no digas tonterías. Además, yo necesito pensar.- El pequeño estaba aterrado de que su hermano cumpliera su palabra.
- ¿Estás enfadado? Estás enfadado y por eso no quieres venir.
- No. Tom…no estoy enfadado, pero necesito un tiempo. Compréndeme.
- Nada volverá a ser como antes, ¿verdad?
- Pues yo…no lo se.
Se escucharon sollozos y la voz de Tom algo más lejana repitiendo “no, no, no, no”, posiblemente intentando resisitirse a que le quitaran el teléfono. Después la voz calmada de Gustav.
- Bill, no se que le has dicho, pero no es para nada bueno. Deberías venir, o tu hermano empeorará. Necesita fuerzas, y parece como si acabara de perder todas las ganas de luchar. Se oyó un clic que significaba el fin de la conversación.
- Deberías hacerles caso. Acepta ya de una vez por todas lo que sientes por Tom.
- No es tan simple, no solo es ilegal, va en contra de la naturaleza, por el amor de dios, ¡somos gemelos!
-Justo. La gran mayoría de los gemelos siente eso, por eso se distancian. Unos pocos se mantienen unidos, y es porque lo aceptan.
- Aceptar el qué.
- Pues que se aman. Es natural.
- No, no lo es.
- Sí. A ver cómo te explico esto. Tú te amas, ¿no?
- Sí, claro, pero eso sí es natural, es amor propio, autoestima.
- Pues tu gemelo es idéntico a tí. Sois el mismo embrión que se dividió en algún momento. Sois las dos mitades de una misma persona, de una misma alma. No hay mayor unión, por fuerza habeis de amaros.
- ¿Y el deseo?
- Tú eres lento, ¿verdad?. A ver, ¿tú no te deseas a ti mismo?
Bill emitió un suspiro de resignación. Ella tenía razón, no había porque sentir esa culpabilidad cada vez que pensaba en su hermano. Sin embargo era algo que no podía evitar, no aun.
- Ve y permítete probar. Si aun así te sigues sintiendo culpable, salta por la ventana.
- ¿Que haga qué?
- Muchas cosas solo se comprenden al borde del abismo. Hazme caso y nada malo te pasará.
- ¿Cómo te llamas?
- April.
- April, espero volver a verte.- Salió corriendo hacia el hospital.
April tenía sus dudas, pero algo en ella le decía que nada saldría mal.