B&B Dreams (I – 2ª parte)

Febrero 13, 2008 at 5:15 pm (General)

Advertencia: El texto puede contener escenas de índole sexual, no aptas para menores, o que puedan dañar la sensibilidad del lector. Si continuas leyendo, es bajo tu responsabilidad.

Entonces lo vi

El final del tunel daba a parar a un puerto secreto desde donde se veía la ciudad y el puerto oficial. Había un banco, donde estaba sentado él. Su pelo, de un castaño rojizo claro, brillaba ante el sol poniente. Se levantó, como en un intento de no perder de vista al astro rey, y entonces perdí el aliento y creo que también la consciencia por unos segundos.

- ¿Estás bien? ¿Puedes oirme?

- Mmmmm…¿Qué hago aquí?

- Eso me pregunto yo. No sabía de nadie que conociera este lugar.

Se levantó y dándome la espalda se desperezó, volviéndose a sentar de nuevo para mirarme.

Comprendí por qué me había desmayado.  Ahí estaba él. Moreno, realmente tostado por el sol, para ser pelirrojo. Con unas pecas aún más oscuras, que le daban un aire pícaro a sus mejillas. Todo esto enmarcando sus chispeantes ojos verdes, por no mencionar sus carnosos labios.

En verdad era el hombre que cualquier mujer desea ver en sus sueños, y, para qué mentir, también fuera de ellos. Pero no era su rostro lo que me había hecho perder la consciencia, sino su espalda. Esta se encontraba surcada por una profunda cicatriz muy reciente, desde su hombro derecho hasta la cadera izquierda. Aún incluso parecía tener costra en algunas partes. No podía. Desde pequeña sentía aversión por esa clase de heridas, más aun cuando no sabía como habían sido provocadas. Mi mente macabra ideaba y escenificaba una y mil veces los numerosos motivos que se me ocurrían para que se hicieran tales destrozos en un cuerpo.

Y más aun en un cuerpo tan bello como el de ese chico.

La herida era tan profunda que debía de haber dañado el tejido muscular. Alcé mi mano para acariciarla. Morbosamente quería sentir su tacto, quizá para imaginar mejor cómo había sido infligida. Y es que tenía un cuerpo tan hermoso, atlético, fuerte, suave…TAN…

- ¿Estás bien?

- ¿Eh?

Sin darme cuenta, estaba mirándole directamente a los ojos mientras acariciaba su cicatriz, su horriblemente atractiva cicatriz. Llevaba así un buen rato, sumida en mis pensamientos.

- Sí, estoy bien.- Aparté la mano- Lo siento.

- No hay por qué. Algún día te contaré como me la hice.  Por cierto, me llamo Max. – dijo, con una enorme sonrisa que hacía chispear más aun sus verdes ojos.

- Encantada, yo soy Dawn.

- Bonito nombre. Desde aquí se ve muy bien.

- ¿El qué?

- El amanecer, claro.

- Ah, claro, lógico…- reí tontamente.

Me tendió su mano mientras se incorporaba. Yo la acepté. El contato con esa mano cálida provocaba sensaciones extrañas en mi estómago. Estás aumentaron cuando, con el impulso al levantarme, quedamos a apenas dos centímetros el uno del otro. Nos quedamos así unos segundos, primero mirándonos a los ojos, después mirando al suelo. Ya iba a apartarme yo, incómoda, cuando me cogió la cabeza con sus manos y me besó pasionalmente bajo el hechizo de la puesta de Sol pronta a su fin.

Acaricié sus manos, luego entrelacé mis dedos con su cabello rojizo, correspondiendo con vehemencia a su beso. Bajó lentamente sus manos y yo hice lo mismo, acariciando lentamente con la yema de mis dedos su espalda, su cicatriz. Nos mordíamos, lamíamos, saboreábamos nuestros besos, nuestros labios. Dulcemente cogió mi mano y me arrastró fuera de ese lugar, rompiendo el beso. Lo veía todo a cámara lenta. Su mano en la mía, las calles vacías de gente, los pasos que me llevaban a algún lugar donde deseaba ir. El calor invadía mi cuerpo, a pesar de que el Sol había ya desaparecido.

Podía notar la atracción, el deseo, crecer en mí a cada mirada que lanzaba a Max. Y más cuando él me miraba a mí, con sus ojos que despedían fuego.

Hicimos el amor en su apartamento. Varias veces. Hablamos de muchas cosas que no merece la pena relatar, y salimos a la calle, donde varios jóvenes transportaban unas largas escaleras dios sabe a dónde y por qué motivo. Y de pronto, la nada.

Esa nada se transformó lentamente en mi mullida cama, en el sonido del despertador y en la certeza de que todo había sido un dulce y cálido sueño.

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Culpable (III – Una pequeña esperanza)

Febrero 13, 2008 at 4:47 pm (Culpable) (, , )

Advertencia: El texto puede contener escenas de índole sexual, incestuosa (twincest), no aptas para menores, homofobos, personas sensibles y/o que no gusten de Tokio Hotel. Si continuas leyendo es bajo tu completa responsabilidad.
LOS PERSONAJES INTEGRANTES DE LA BANDA, ASÍ COMO SIMONE Y ANDREAS, NO SON MÍOS, SON PERSONAS REALES QUE TIENEN UNA VIDA APARTE TOTALMENTE DESCONOCIDA POR MÍ. LOS HECHOS QUE AQUÍ SE CUENTAN SON SOLO PRODUCTO DE MI IMAGINACIÓN (en teoría). 

Bill sollozaba vistósamente. Hipaba y gritaba cuando los sanitarios quisieron separarle para subir al mayor a una camilla. Viendo la ambulancia partir con la sirena encendida, comenzó a patear todo aquello que se encontrara a su alcance, con rabia.

Gustav se acercó y le abrazó, tratando de calmar el convulso cuerpo de su amigo.

- ¿Q-qué ha sucedido, Gustav?- Los ojos de Bill estaban anegados en lágrimas.

- No lo tengo muy claro. Al parecer Tom se acercó a la chica inadecuada.

- El novio de la chica andaba cerca, y estaba muy enfadado.- añadió Georg- parece ser que cuando Tom salió de la mano de la chica, este le estaba esperando. Rompió un vaso y lo clavó en el vientre de tu hermano. El pobre cayó al suelo, golpeándose en la nuca.

- No hacía falta que fueras tan explícito.- Gustav miraba preocupado al menor de los gemelos. El cuerpo de Bill se sacudía con más fuerza que antes, y las lágrimas habían destrozado completamente su maquillaje. Bill mientras miraba a su alrededo, angustiado. Vio a una joven rubia, muy bonita, con los ojos enrojecidos y la cara demacrada. Se notaba que había estado llorando. Tuvo un acceso de ira, y, librándose del abrazo de Gustav, se acercó a la chica, propinándole un bofetón. Ella se quedó tal cual, como si estuviera en shock, como si nada pudiera ya afectarla. Después Bill, consciente ya de su acto, se agachó pidiéndole disculpas.

- Lo entiendo. Es todo culpa mía.

- ¿Cómo se te ocurrió?

-¡Él y yo ya no estabamos juntos, le acababa de dejar!… No tenía derecho a hacerlo.- A la chica se le quebró la voz, rompiendo de nuevo a llorar.

Bill, a pesar de como se sentía, tuvo la necesidad de consolarla. Al fin y al cabo, ella no era quien había herido a su hermano. Le dio un abrazo y sacó de su chaqueta algo de dinero para un taxy. “¿Cómo diablos ha llegado mi chaqueta aquí?”. Entonces recordó que al ver la sangre la había cogido, dispuesto a salir corriendo a donde hiciera falta. Y eso hizo.

- ¡Bill! ¿¡Dónde vas!?- Gritó Georg, viendo a su desolado amigo correr a traves de la puerta abierta.

- Parece obvio, Georg, déjale, hay tráfico, tardará menos corriendo. Además, así descarga toda la adrenalina que lleva encima, lo necesita.- El rubio tenía razón.

Bill corría. Corría sin aliento, con punzadas en el estómago y el aire helándole la garganta. Corría por el atajo más corto que conocía para llegar al hospital. Corría en contra del viento, desesperado, y a pesar de que le faltaba el aire en los pulmones, gritaba. Sentía cómo las cálidas lágrimas que rodaban por su rostro eran rápidamente empujadas hacia atrás por el viento que le venía de cara.

Al fin llegó a la zona de urgencias del hospital, donde estaba llegando también la ambulancia, debido a que se había encontrado con el atasco que había dicho Gustav. Justo cuando sacaban a su hermano en la camilla, él le tomaba la mano. Volvía a estar consciente, aunque se veía que no duraría así.

- Tommy…¿Sabes qué? Te prohibo morirte. No puedes, ¿de acuerdo?- Le susurraba mientras corría al lado de los sanitarios, aferrando su mano con fuerza.

- Billy…

- Lo se, Tom. No te esfuerces. Te quiero.

Miró suplicante a los médicos y enfermeros que le volvían a separar de él.

Una joven doctora se acercó a él y le preguntó si era un familiar.

- ¿Un familiar? Es mi jodido gemelo.

- Entonces ven. Necesita sangre, la tuya le vendrá de maravilla.

Le llevó a un lugar separado por unas cortinas del resto, le tumbaron en una camilla y le extrajeron la sangre que había de salvar a Tom.

* * *

- Su estado es grave, pero se encuentra estable en estos momentos. Ha perdido mucha sangre, y el golpe en la nuca le provocó una hemorragia intracraneal en la zona occipital. En unas horas le prepararán para operarle.

- ¿Operarle? No le quitarán las rastas…- Comentó Gustav, intentando aliviar la tensión que se advertía en el ambiente.

- No, no al menos todas. Debido a que la hemorragia es pequeña y el procedimiento es mínimamente invasivo, solo afeitaremos la parte a operar y la zona inmediatamente cercana, el resto se cubrirá con tejidos esterilizados, pero nada más.

- ¿Puedo pasar a verle?- Pidió Bill.

- En media hora, cuando las enfermeras terminen con lo que están haciendo, podrás pasar un ratito, pero no aseguro que vaya a estar consciente.

- Gracias, verle es suficiente- murmuró el menor, hundiéndose en el sofá de la sala de espera. Las palabras de consuelo de Georg y Gustav apenas conseguían calmarle. Temía no volver a ver en buen estado a su hermano, no poder jamás abrazar su cuerpo en la noche cuando creía que los monstruos le devorarían. La sola idea de no volver a escuchar su risa hacía que su cuerpo se convulsionara, que se llenaran de lágrimas sus ojos, que temblara tanto que se lo contagiara a sus amigos, los cuales le abrazaban para, en vano, tratar de calmar los temblores que asaltaban al deshecho muchacho.

Dos jóvenes enfermeras salían de la habitación de Tom riendo distraidas, ajenas a todo el dolor a su alrededor. Le habían lavado, limpiando sus heridas, y le habían vestido con una de esos camisones de hospital que tanto odia todo el mundo.

Bill, al verlas salir, se abalanzó sobre la puerta. Georg iba a seguirle, pero Gustav le agarró de la muñeca. Debían dejarles solos, Bill lo necesitaba, y posiblemente Tom también.

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Hopeless (Intro)

Febrero 13, 2008 at 3:51 pm (Hopeless)

- Venga, tía, termina ya de maquillarte.

- Anda, calla, si apenas he empezado.

- Joder, pues ya son las 12. Entre que queremos llegar, tomarnos unas copas en la playa y eso se nos hacen las tantas.

- Bueno, bueno, tampoco es tan grave. Así habrá más gente, y quizá esté tu calvito..- Zoe miró a Sonia con picardía. Apenas hacía una o dos semanas, su amiga se había liado con un argentino que estaba de cuidado, pero cuando el se agachó a besarla, vieron que tenía una pequeña calva en la coronilla. Estuvieron riéndose de eso durante semanas.

Sonia hizo un mohín y se fue, murmurando algo sobre lo idiotas que eran. Jose, que estaba sentado en la taza del vater, viendo cómo la rubia se pintaba, se empezó a descojonar. Ella escogió la brocha fina para los ojos, y comenzó a perfilar la zona que iba a pintar.

- Soniiii, no te enfades, hoy irá mejor, seguro que solo es..

No le dejó continuar. Entró en el aseo hecha una furia, arrancándole de las manos el pincel.

- Maldita sea.. pensaba que era el lapiz. ¿Dónde has metido tu puñetero lapiz? Hoy tengo que estar jodidamente guapa.

- Lo estás.- Al fin, el chico había hablado.- Y tú, Zoe, arréglate de una puta vez.

Zoe se rio, no era tan normal escuchar a su amigo decir esa clase de palabras. Se puso el colorete , aumentando así su look de inglesa. Normal, ya que lo era.

- Bueno, ya estoy- dijo, para alivio de sus amigos. Cogieron las botellas de alcohol y bajaron las escaleras riendo. Otra vez todo estaba bien entre ellas, por suerte. Sonia se comportaba algo extraña con Zoe desde que se enteró de que ella se había acostado con el chico que le gustaba. Finalmente había terminado comprendiendo que la rubia no sabía lo que su amiga sentía por él, pero igualmente se mostraba irritable a la mínima. Los tres tenían sus esperanzas puestas en esa noche, la esperanza de que Sonia pudiera por fin olvidarlo.

Cantando canciones de Disney (OOOOHHH yooooo voy a seeeeer rey leoooooooooooooón) a pleno pulmón, llegaron a la playa. Los tres se quitaron los zapatos, y caminaron descalzos por la fría arena hasta encontrar un lugar lo bastante apartado como para tomar unas copas, echarse unas risas y sacarse fotos tranquilamente.

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