Culpable (I – Ángeles en la tierra)
Reparó en su hermano, que trataba de secarse sin que se le viera su desnudez. Le pareció una actitud extraña, eran gemelos, sus cuerpos eran iguales, además de que siempre se habían visto desnudos sin ningún problema, pero no le dio más importancia, ya que Tom estaba de lo más raro últimamente. “distanciado, es como está. Será que hemos crecido”.
- ¿Aun así, Tom? Luego tienes los cojones de decir que yo soy el lento. Más vale que no tardes, o estos dos entrarán a arrancarte las tripas a arañazos.
A punto estuvo de ofrecerle ayuda, pero después lo pensó mejor. “Ya somos mayorcito, A Tom no le hará ni puñetera gracia”. Se arregló el pelo y comenzó a aplicarse el delineador negro. Luego se maquilló los ojos de negro en la zona exterior del párpado y blanco en el interior. A conjunto con su ropa, unos pantalones ajustados negros y una camiseta también ajustada a rayas horizontales blancas y negras. Se miró, criticando su aspecto para luego alabarlo.
“Como un ángel” pensó el mayor. Ciertamente, con todos los complementos, uno podría decir que se trataba de alguna clase de angel. A Tom le gustaba pensar que así era, que ellos eran las dos mitades de un ángel caído a la tierra por dios sabe qué motivos.
- Bill…- dijo en un susurro, sin darse cuenta.
- Dime, Tom.- El menor le miraba con ojos preocupados, aquel tono de voz no era habitual en su hermano, el cual se sobrecogió al darse cuenta de que su susurro no había pasado desapercibido.
- Nada, pensaba en cuando aun éramos niños.- dijo, esperando que su voz no le delatara.
- ¿Tú también piensas en eso?- vio en los ojos del mayor una nostalgia al parecer contenida por mucho tiempo, y se abrazó a él. Quería decirle con esto que aun eran “Bill y Tom”, que aun estaban unidos.
- Siempre estaremos juntos. Siempre. No te preocupes.
Bill salió del baño dando saltitos, contento por nada en concreto, dejando a Tom con la ardua tarea de vestirse mientras su mente aun se encontraba perdida en el repentino abrazo de su hermano, y en el aroma que desprendía Bill, ese aroma que amaba, ese olor que había quedado impregnado en su piel para el resto del día.
A la salida del hotel los cuatro se encontraron con Andreas y un chico desconocido que sonreía nervioso.
- Chicos, este es Chris, ehm… un amigo.
- Ya, y nosotros tenemos que creerte por…- le picó Tom
- Por que lo digo yo.- Le dirigió al mayor una mirada furibunda, que fue respondida con otra de peor calaña. Parecían dos felinos a punto de saltar.
- Está bieeeeen, chicos, no peleeeiiiis…pareceis niños- dijo Gustav, a sabiendas de que no iba a ser escuchado.
Inmediatamente comenzó la absurda pelea. Bill, Gustav y Chris miraban con los ojos muy abiertos cómo se pegaban “amistosamente” los dos chicos.
- No os preocupeis, ya sabeis que no se matarán- comentó Georg.
Era cierto. Tom andaba siempre metiéndose con todos, era su forma de ser, pero jamás peleaba en serio, salvo cuando era para defender a Bill. Pronto los dos muchachos estaban en el suelo, manchados, riéndose y amigos de nuevo. Cuando consiguieron levantarse a pesar de la risa, reanudaron el camino a la fiesta.