B&B Dreams (I – 1ª parte)

Febrero 1, 2008 at 6:25 pm (General)

Advertencia: El texto puede contener escenas de índole sexual, no aptas para menores, o que puedan dañar la sensibilidad del lector. Si continuas leyendo, es bajo tu responsabilidad.

Junio 2003

Caminaba por una calle conocida y al mismo tiempo misteriosa. Era la primera vez que recordaba pasear por allí, pero sentía un déjà vu a cada paso que daba. Al fin llegué a donde mis pies me conducían sin el menor permiso de mi cerebro.

“Abalorios y más”. Eso rezaba el lugar al que acababa de llegar. Entré guiada por un instinto que no sabía que poseía. Bajo la luz tenue se abrían cajas y cajones de un plástico transparente lleno de los más extraños objetos: cinturones hechos de caracolas, flores secadas y perfumadas con aromas que no tenían nada que ver con el original de la planta, bolígrafos decorados con los más vivos y brillantes colores que uno pueda imaginar, lágrimas cristalizadas convertidas en pendientes para cualquier parte del cuerpo, cremas de colores irisados para maquillar los ojos…

Llamó sin embargo mi atención un fulgor rosado que resplandecía contra la fría pared de piedra a la luz de un candelabro. Me acerqué a ver qué era. Al fin, cuando conseguí apartar las cajas que obstruían mi camino, comprobé que en el cajón había una pequeña cajita de cristal llena de un polvo fucsia brillante. La abrí y hundí mi dedo índice en el polvo, que se adhirió a mi dedo rápidamente. Cuando froté el dedo contra el pulgar y el corazón, el polvo, que había tenido hasta entonces una textura como de cristales de arena, se convirtió en un polvo fino y muy agradable al tacto. Poco después al calor de la mano se fundió, superponiendose al tono de mi piel. Al intentar limpiarme, restregué mis dedos contra la pared de piedra, lo bastante rugosa como para eliminar los restos del elemento aquel.

Justo debajo del candelabro era donde curiosamente estaba más rugosa la roca, por eso fue ahí donde rasqué para limpiarme. Para sorpresa mía, la leve presión de mis dedos abrió un pasadizo que seguí, iluminándome con una vela que había cogido precavidamente del candelabro. Las gotas de cera hirviendo me quemaban la mano, pero no me arrepentí de haberla cogido, pues evitaron que tropezara con las cosas que estaban desperdigadas aquí y allí a lo largo de todo el camino. No me hubiera hecho gracia hacer ese trayecto a oscuras.

Todavía llvaba en la mano esa especie de cofrecito de cristal, lo guardé en el bolsillo del pantalón y seguí caminando hasta que vi luz al final del pasillo. Para entonces ya se había consumido la vela, por lo que me alegré al no encontrarme totalmente sumida en la oscuridad.

Entonces lo vi.

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